martes, 14 de mayo de 2013

Los niños.



Cada niño es la expresión de un misterio insondable: 
¿cómo en tan poco espacio cabe tanto?

Lo que más duele a un niño no es el insulto o el golpe recibido 
sino el impulso que lo genera.




Ni siquiera en la totalidad de los océanos cabría entera la lágrima que derrama el corazón de un niño maltratado.
Pero el llanto que se desprende y cae de las nubes del puro capricho no es sino agua venenosa para las amapolas del valle.

Cuando un niño pregunta no quiere que se le responda sino que se le escuche.

El niño es un espíritu redondo..... por eso rueda con facilidad por la vida sin hacer socavones en la calzada.

Cada niño, cada niña es Patrimonio Común de Toda la Humanidad.

En cada rama es el árbol entero el que crece, en cada ola es todo el mar el que se desplaza y en cada estrella es la totalidad del cosmos la que se enciende. Y en cada niño se enciende, se desplaza y crece la genealogía completa de la gran familia humana.

Un niño carece de expectativas, no tiene proyectos de futuro y está exento de responsabilidades; no tiene grandes posesiones ni se encuentra agitado por ansias de poder ni pretensiones de grandeza. ¿De qué está lleno si se muestra vacío de todo eso?¿Dónde se encuentra el manantial del que brotan su eterna sonrisa y su limpia mirada?

El niño, como el árbol, crece gracias a lo que no se ve.

El niño, para soñar, ¡abre los ojos!

JOSÉ MARÍA TORO

Del libro LA SABIDURÍA DE VIVIR (3ª ed.) Editorial Desclée


1 comentario:

  1. gracias por compartir tanta sabiduría con palabras tan simples

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