jueves, 23 de mayo de 2013

"Cada órgano dañado responde a un sentimiento". La enfermedad como tentativa de autocuración.



"Cada órgano dañado responde a un sentimiento". La enfermedad como tentativa de autocuración.
Entrevista a Christian Flèche, psicoterapeuta, padre de la teoría de la descodificación biológica. La Contra. La Vanguardia 30.5.2011

La enfermedad es el esfuerzo de la naturaleza por curar el cuerpo.
Las enfermedades son una tentativa de autocuración, una reacción biológica de supervivencia frente a un acontecimiento emocionalmente incontrolable, de manera que cualquier órgano dañado corresponde a un sentimiento preciso y tiene una relación directa con las emociones y los pensamientos. Junto al doctor Philippe Levy, Flèche creó nuevos protocolos para organizar un método de diagnóstico original emocional y una nueva forma de terapia breve que busca en las emociones el origen y la solución a las enfermedades. Tiene publicados 17 libros sobre la descodificación biológica, cuatro de ellos traducidos al español, entre ellos El cuerpo como herramienta de curación (Obelisco).
El cuerpo es nuestra herramienta de curación?
 Yo era enfermero en un hospital de Normandía y observe que pacientes con la misma enfermedad, tratamiento y doctor evolucionaban de manera muy diferente.
 Bueno, cada uno es cada cual...
 Exacto, mi hipótesis es que las enfermedades son una metáfora de las necesidades físicas y emocionales de nuestro cuerpo. Cuando no hay una solución exterior a esa necesidad, hay una solución interior.
 ¿Eso es para usted la enfermedad?
 Sí, una solución de adaptación. Cada órgano del cuerpo quiere satisfacer su propia función, es decir, atrapar oxígeno, alimentos... Si el cuerpo quiere comer, pero en el exterior hay guerra y no lo consigue en un plazo razonable, se produce un shock.
 ¿Nace el conflicto?
 Sí, el inconsciente inventa una vía suplementaria de supervivencia: un síntoma, que es una solución o una tentativa de solución inconsciente e involuntaria a ese shock vivido. En ese caso, el miedo a morir de inanición atacaría el hígado.


 Póngame otro ejemplo.
 Una persona que siempre tiene prisa puede desarrollar un nódulo en el tiroides, que envía más tiroxina y aumenta el metabolismo del cuerpo, eso la hará más rápida.
 Pero tener prisa es psicológico.
 Todo lo que captamos a través de los cinco sentidos, de los captadores neurovegetativos que vienen del interior del cuerpo, lo que pensamos o imaginamos, se traduce en realidad biológica.
 ¿Y provoca un síntoma?
 Si no hay una solución concreta y consciente, sí. De manera que si escuchamos algo muy desagradable que nos afecta podemos tener acidez de estómago. Y hay algo muy importante que tener en cuenta.
 Dígame.
 El cerebro no distingue entre lo real o lo imaginario
Un trozo de limón en la boca o la idea de un trozo de limón en la boca provocan la misma salivación. En función del sentimiento particular, el shock afecta a una zona precisa del cerebro, visible por el escáner, a un órgano y a una realidad energética.
 ¿Realidad energética?
 Somos una unidad compuesta de cuatro realidades inseparables: orgánica, cerebral, psíquica y energética. No hay ni una sola célula del cuerpo que escape al control del cerebro, y este no escapa al control del pensamiento, consciente o inconsciente; de manera que ni una célula del cuerpo escapa al psiquismo. Un shock siempre va acompañado de un sentimiento personal que repercute en los cuatro niveles biológicos.
 ¿Y es irreversible?
 Cuando encontramos la solución esos cuatro niveles sanan simultáneamente. Una paciente tenía dolor en el hombro. "¿Desde cuándo?", le pregunté. "La primera vez estaba sola con mis hijos" "Si estas con tus hijos, no estás sola, ¿quién falta?" "Mi marido que nunca está, yo necesito estar arropada". Cuando lo reconoció, el dolor desapareció.
 A lo largo de un día no satisfacemos todas nuestras necesidades fundamentales.
Cuando no las satisfacemos, nace una emoción. Si esa emoción se libera en el exterior bajo una forma artística, a través de la palabra, el baile o los sueños... todo va bien. Cuando el acontecimiento no está expresado, queda impreso y el cuerpo será el último teatro de ese evento.
 ¿Todo conflicto provoca enfermedad?
 No, es necesario que sea dramático, imprevisto, vivido en soledad y sin solución. Cuando se dan estos cuatro criterios, el trauma se manifestará a través de la biología.
 ¿Distintas emociones corresponden a distintos órganos del cuerpo?
 Sí, todo lo que tiene que ver con la epidermis responde a conflictos de separación; el esqueleto, a una desvalorización; la vejiga corresponde a conflictos de territorio. Para las mujeres diestras, problemas en el seno y hombro izquierdos corresponden a problemas con los hijos y viceversa para las zurdas; los desajustes en el seno y hombro derechos corresponden para las diestras a problemas con la pareja y viceversa.
 ¿Estómago e intestino?
 No tener lo que se quiere y no poder digerir lo que se tiene corresponde al duodeno y estómago. El colon corresponde a un conflicto asqueroso, podrido. En el recto están los problemas de identidad: "No me respetan y me dejan de lado". Los riñones es la pérdida de puntos de referencia. Los huesos: grave conflicto de desvalorización...
 ¿Lo adecuado para estar sano?
 Revalorizar las emociones, ser consciente de las emociones y expresarlas, es decir: bailar más a menudo. La gente está mucho tiempo en lo emocional pero son emociones procuradas: fútbol, cine... Un malestar compartido disminuye a la mitad, continúa compartiéndolo y acabará desapareciendo. Una felicidad compartida se multiplica por dos.

  La ira y la violencia se expresan a sus anchas.
 Un hombre tiene miedo, el miedo produce rabia, y la descarga enfadándose con su mujer. Cuando estamos en contacto con la emoción auténtica, se transforma; cuando lo estamos con la emoción de superficie, no hay cambio. Si el hombre se dice: "Lo que tengo es miedo", su miedo disminuye a la mitad. Hay que tomar conciencia de uno mismo.

lunes, 20 de mayo de 2013

Tertulia con Co-razón. Selección textos de José María Toro.

Material de trabajo de a 5ª Tertulia con Co-razón en la que se comentaron textos seleccionados de la bibliografia de José María Toro, así como de algunos videos de sus cursos o conferencias. La selección y edición de los textos ha sido realizada por Isabel García (asesora del Cep de Aracena)
Puedes descargarte este material en formato pdf. pinchando el siguiente enlace: http://bit.ly/17T6GFH



jueves, 16 de mayo de 2013

La mirada reevolucionaria.

Tendemos a creer que las cosas cambian si  actuamos de manera distinta, pero no va a pasar nada si se sigue mirando el mundo de la misma manera.

La revolución pendiente, la que hará que nuestras acciones cambien y con ellas el mundo en el que las sembramos, es la de los ojos. Mirar las cosas desde otra perspectiva, ver lo que se esconde detrás, intuir lo que puede haber más allá de los primeros planos, sentir el bosque que aguarda tras este árbol que ahora abarca todo mi campo visual o querer regalar a mis ojos otro horizonte más humano, luminoso y hermoso son acciones revolucionarias. Simplemente porque cambiar cómo se miran las cosas nos permite hacer, actuar y vivir de otra manera.
Creo que las revoluciones fracasan cuando los cambios no alcanzan la mirada,  cuando las transformaciones no proceden del corazón o no son alentadas por el amor.

Una trinchera decisiva se asienta en los ojos: en ellos creamos un espacio relacional en el que podemos observarnos observando al mundo  y actuando en él y darnos cuenta de que nuestra vida está condenada a ser más de lo mismo a menos que la mirada cambie.

Son los ojos los que nos hacen cambiar porque todo depende de la calidad de mirada con la que acogemos, recibimos, nos comprometemos y respondemos a lo que tenemos delante.

Ir a caminar por las calles, leer en los rostros humanos, mirar cara a cara sobre todo a los más pequeños, a los más humildes, a los que más sufren y dejar que el corazón nos cuente lo que ve. Se trata de permitir que sea el alma quien se asome al mundo, a través de la ventana de nuestros ojos, y nos diga cómo situarnos y qué hacer ante aquello que estamos viendo.

José María Toro.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Lo que pensamos varía nuestra biología. Bruce Lipton.

Bruce Lipton, doctor en Medicina, investigador en biología celular-

"Lo que pensamos varía nuestra biología"

Podemos cambiar
No se trata de un gurú de las pseudociencias, Lipton impartió clases de Biología Celular en la facultad de Medicina de la Universidad de Wisconsin y más tarde llevó a cabo estudios pioneros de epigenética en la facultad de Medicina de la Universidad de Stanford que lo llevaron al convencimiento de que nuestro cuerpo puede cambiar si reeducamos nuestras creencias y percepciones limitadoras. El problema siempre es el cómo: cómo cambiar la información del subconsciente. En su libro La biología de la creencia (Palmyra) recomienda métodos como el PSYCH-K. Y en La biología de la transformación (La esfera de los libros) explica la posibilidad de una evolución espontánea de nuestra especie.

Me enseñaron que los genes controlan la vida, que en ellos se inscriben todas nuestras capacidades y características, pero es falso.

¿Del todo?
No somos víctimas de nuestra genética, en realidad es el ADN el que está controlado por el medio externo celular.

¿Qué significa eso?
La célula es la vida. Hablar de una célula es como hablar de una persona. Nosotros recibimos la información a través de los cinco sentidos y las células reciben las señales del entorno a través de los receptores que captan la información. El ADN es controlado por señales que vienen desde fuera de la célula, incluyendo mensajes energéticos de nuestros propios pensamientos, tanto los positivos como los negativos.

¿Somos lo que vivimos y pensamos?
Sí, y cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo es cambiar nuestra biología. Los estudios que empecé hace cuarenta años demuestran que las células cambian en función del entorno, es lo que llamamos epigenética. Epi significa por encima de la genética, más allá de ella.

¿Y?
Según el entorno y como tú respondes al mundo, un gen puede crear 30.000 diferentes variaciones. Menos del 10% del cáncer es heredado, es el estilo de vida lo que determina la genética.

¿Es el entorno el que nos define?
Aprendemos a vernos como nos ven, a valorarnos como nos valoran. Lo que escuchamos y vivimos nos forma. No vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos. Somos víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas.

Pero las creencias están inscritas en lo más profundo de nuestro subconsciente.
Cierto. El subconsciente es un procesador de información un millón de veces más rápido que la mente consciente y utiliza entre el 95% y el 99% del tiempo la información ya almacenada desde nuestra niñez como un referente. Por eso cuando decidimos algo conscientemente como, por ejemplo, ganar más dinero, si nuestro subconsciente contiene información de que es muy difícil ganarse la vida, no lo conseguiremos.

¿Entonces?
Si cambiamos las percepciones que tenemos en el subconsciente, cambiará nuestra realidad, y lo he comprobado a través de numerosos experimentos. Al reprogramar las creencias y percepciones que tenemos de cómo es la felicidad, la paz, la abundancia, podemos conquistarlas.

Me suena a fórmula feliz...
Así es como funciona el efecto placebo. Si pienso que una pastilla me puede sanar, me la tomo y me encuentro mejor. ¿Qué me ha sanado?...

¿La creencia?
Eso parece. Al igual que los pensamientos positivos y el efecto placebo afectan a nuestra biología, existe el efecto nocebo: si crees que algo te hará daño, acabará por hacerte daño. Henry Ford decía que tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienen razón. Si eliges vivir un mundo lleno de amor, tu salud mejorará.

¿Y eso por qué?
La química que provoca la alegría y el amor hace que nuestras células crezcan, y la química que provoca el miedo hace que las células mueran. Los pensamientos positivos son un imperativo biológico para una vida feliz y saludable. Existen dos mecanismos de supervivencia: el crecimiento y la protección, y ambos no pueden operar al mismo tiempo.

O creces o te proteges.
Los procesos de crecimiento requieren un intercambio libre de información con el medio, la protección requiere el cierre completo del sistema. Una respuesta de protección mantenida inhibe la producción de energía necesaria para la vida.

¿Qué significa prosperar?
Para prosperar necesitamos buscar de forma activa la alegría y el amor, y llenar nuestra vida de estímulos que desencadenen procesos de crecimiento. Las hormonas del estrés coordinan la función de los órganos corporales e inhiben los procesos de crecimiento, suprimen por completo la actuación del sistema inmunológico.

¿La culpa de todo la tienen los padres?
Las percepciones que formamos durante los primeros seis años, cuando el cerebro recibe la máxima información en un mínimo tiempo para entender el entorno, nos afectan el resto de la vida.

Y las creencias inconscientes pasan de padres a hijos.
Así es, los comportamientos, creencias y actitudes que observamos en nuestros padres se graban en nuestro cerebro y controlan nuestra biología el resto de la vida, a menos que aprendamos a volver a programarla.

¿Cómo detectar creencias negativas?
La vida es un reflejo de la mente subconsciente, lo que nos funciona bien en la vida son esas cosas que el subconsciente te permite que funcionen, lo que requiere mucho esfuerzo son esas cosas que tu subconsciente no apoya.

¿Debo doblegar a mi subconsciente?
Es una batalla perdida, pero nada se soluciona hasta que uno no se esfuerza por cambiar. Deshágase de los miedos infundados y procure no inculcar creencias limitadoras en el subconsciente de sus hijos.

Miércoles, 15 de mayo 2013. LA CONTRA. Diario LA VANGUARDIA.




"Cuando cambiamos la forma de mirar las cosas, las cosas que miramos cambian" (Dyer)

martes, 14 de mayo de 2013

Los niños.



Cada niño es la expresión de un misterio insondable: 
¿cómo en tan poco espacio cabe tanto?

Lo que más duele a un niño no es el insulto o el golpe recibido 
sino el impulso que lo genera.




Ni siquiera en la totalidad de los océanos cabría entera la lágrima que derrama el corazón de un niño maltratado.
Pero el llanto que se desprende y cae de las nubes del puro capricho no es sino agua venenosa para las amapolas del valle.

Cuando un niño pregunta no quiere que se le responda sino que se le escuche.

El niño es un espíritu redondo..... por eso rueda con facilidad por la vida sin hacer socavones en la calzada.

Cada niño, cada niña es Patrimonio Común de Toda la Humanidad.

En cada rama es el árbol entero el que crece, en cada ola es todo el mar el que se desplaza y en cada estrella es la totalidad del cosmos la que se enciende. Y en cada niño se enciende, se desplaza y crece la genealogía completa de la gran familia humana.

Un niño carece de expectativas, no tiene proyectos de futuro y está exento de responsabilidades; no tiene grandes posesiones ni se encuentra agitado por ansias de poder ni pretensiones de grandeza. ¿De qué está lleno si se muestra vacío de todo eso?¿Dónde se encuentra el manantial del que brotan su eterna sonrisa y su limpia mirada?

El niño, como el árbol, crece gracias a lo que no se ve.

El niño, para soñar, ¡abre los ojos!

JOSÉ MARÍA TORO

Del libro LA SABIDURÍA DE VIVIR (3ª ed.) Editorial Desclée


lunes, 13 de mayo de 2013

Reflexiones ante la caja del supermercado



¡Qué mundo tan curioso el que se mueve contemplando la línea del horizonte que marcan las cajas registradoras de un gran supermercado! Hasta llegar allí, deambulando por pasillos y estanterías, el reloj no cuenta. No hay prisa ni ansiedad mientras las  manos sigan arrojando productos a un carro que puede terminar pareciendo un pozo sin fondo. El gesto de comprar no estresa ni angustia, por el contrario, satisface y colma. En cierta forma nos parece haber vuelto al Edén: todo está puesto allí para nosotros, listo para servirse, basta con extender la mano y cogerlo.
Comprar en un supermercado puede llegar a vivirse, inconscientemente, como un gesto religioso y sagrado.
Compro, luego existo.
 Pero todo el éxtasis de la compra, toda la visión paradisíaca se rompe nada más comienza uno a dirigirse hacia las cajas de pago.
El reloj comienza a apretar en la muñeca, aunque las correas nos estén anchas, en cuanto comprobamos que cientos de “Adanes” y “Evas” ya se nos adelantaron. 


Con el carro hasta las trancas, haces una parada para ver a cuál de ellas te diriges. Dudas unos segundos. El retraso en la decisión ya ha supuesto un ligero incremento en las filas humanas y de carros. Por fin avanzas hacia la caja número 13.  Unos metros antes de llegar, un carro furtivo, que aparece de pronto por el pasillo frontal que da a esa caja, se te adelanta. Te resignas, y empiezas a comprobar con qué rapidez avanzan los situados en las cajas 12 y 14. ¡Tenía que ser la número 13! Aunque uno no sea supersticioso el resto del año, en esos momentos, por si acaso, en un arrebato de sentido común, decides pasarte a la número 12 (por aquello de los doce meses del año, las doce tribus de Israel, los doce apóstoles, los doce signos del zodíaco, los doce trabajos de Hércules......).
Tan pronto como cambias de fila, la que acabas de dejar comienza a avanzar mucho más rápidamente.
Y empiezas a tomar conciencia de la prisa que tienes y de la cantidad de cosas que tienes que hacer.
Sólo te sirve de consuelo ver cómo en la “caja rápida”, ésa que sólo atiende con menos de diez artículos, está la cajera más lenta.
Dudas, de nuevo.
La cola de la caja número 10 es corta, pero seguro que antes de llegar ya habrá crecido y se habrá hecho larga. Notas una onda de excitación en todo tu cuerpo al ver que van a abrir  la caja número 11; pronto se torna en indignación y rabia cuando, sin darte tiempo a reaccionar, los que estaban detrás de ti se acaban de colocar los primeros en la caja recién abierta.

Respiras, y vuelves a respirar. Miras el reloj tres veces en dos minutos. ¡Cómo corre! Por fin te acercas, sólo tienes ya delante a una pareja que está volcando sobre la cinta transportadora la bolsa gigante de papel higiénico. En ese momento uno de ellos vuelve a las estanterías por varias cosas que habían olvidado.
Entregado, rendido.... comprendes, finalmente, una gran verdad: ¡con qué rapidez puede pasar uno del cielo al infierno!
                                                       JOSÉ MARÍA TORO
    Del libro LA SABIDURÍA DE VIVIR (3ª ed.) Editorial Desclée